Resucitemos.
Hagamos que sea todo
como dicen los cuentos.
Exprimamos la noche
que un día nos negaron.
Llevemos amuletos
contra el escepticismo;
es nuestro este pedazo de infierno
que un día nos vendieron.
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Como París ya suena
a violines, ocasos, fotos de japoneses…
cantaré nuestro amor por cubos de basura,
ya lo hiciera don Gato:
un lento pasear entre los jaramagos,
algunos tropezones con zapatos prestados
y toda una rapsodia de besos sin dentífrico
que los torpes anuncios nunca podrán robarnos
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Encontrar un planeta
donde no suene extraño ser cauto,
prestar sin interés variable
el pecho sin avales.
Clavar una bandera al desaliento
y esperar instrucciones
sin tratado de Alcaçobas.
Fingir que nada importan
las leyes que abolimos.
PRIMERO VINIERON LOS DE ENTONCES, LUEGO LOS QUE ESPERABAN,LOS QUE TENDRÍAN QUE VENIR. NOSOTROS NOS PREGUNTÁBAMOS: "Niño, a ver quién toca ahora".
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La Delegación me persigue pero yo voy más leeeeeeenta.
Fdo.: ASSSSSSSUCA´¨¨¨¨¨¨¨
Fijate, Platero, lo hermoso que es volver adonde nunca te fuiste.
Llevo una semana sin publicar paralizada ante la más biológica de las encrucijadas hasta el punto de no encontrar nunca las palabras adecuadas: ¿cómo elegir una metáfora alejada del merengue con almíbar para contaros que llevo “seis semanas seis” comiendo tostadas con jamón para un pequeño “alien” que va a ocupar por extenso los próximos nueve meses de mis mañanas con náuseas? En estos momentos la literatura se me queda pequeña para mostraros qué deja de importar, cuánto llega a pesar haber visto, por unos instantes, en una ecografía un diminuto punto blanco tintineante que era, desde entonces, SU CORAZÓN.
Los sábados no escucho el claxon del vecino.
Una bomba de hidrógeno no podría perturbar
mi panteón tibetano.
Cae del calendario el día del santoral
del ego:
prohibida la primera
persona del plural.
Llega la desconexión
terapéutica
que nunca contarán en los diarios,
la batalla campal de los enamorados
en terreno neutral,
el corre que te pillo
de los que no se atreven a huir
no sea que los llamen
COBARDES.