Irrumpen en tu siesta como las incómodas teleoperadoras de número oculto, se hacen dueñas de tu sofá como no lo haría ni tu propia hermana para finalmente recordarte, un año más, que tampoco éste has comprado un buen pavo para sorprender a los vecinos. Da igual que seas vegetariana u odies el color rojo del infame anciano que no sabe llamar a las puertas. El Corte Inglés te anuncia que debes sentar a los parientes que nunca llamas a tu mesa para compartir bostezos y sentimiento de culpa si quieres ser un ciudadano más en el estercolero de calvas aburridas.

Da lo mismo que no hayas sido animadora del equipo de tu instituto o que tu pariento ya no esté para exhibir sudaderas horrendas con el elástico marcando su pancita. El tío Sam una vez más quiere recordarte que no tienes que pasar por una incómoda aduana para visitar la tierra de Mickey y conocer sus más bellos escenarios con más detalle que tu barrio obrero sin farolas.

A lo mejor para lo único que da tu escueto espíritu navideño es para tomarse a risa tanto algodón de azúcar y tanta moralina de baratillo aparte de jurar por lo más sagrado que nunca nunca nunca vas a casarte en Las Vegas vestida de Elvis. Donde se ponga la parroquia madrileña donde comulgan con rosquillas y beben Don simón...