“Yo pisaré las calles nuevamente”

Imagen de otro tiempo
ya no van a esconder con doble fondo
sus suspiros de España.
Son ellos, los del Pardo.
Tienen un callejero nostálgico repleto de polillas,
recónditas estatuas a caballo surcadas de pintadas
y gastadas banderas que pocos legitiman.
Por fin han encontrado la coartada
para lucir valientes
sus abrigos color azul marino,
la moral beige oscura de haberse enriquecido
con lo que otros dejaron:
la mesa recien puesta
de quien tuvo que huir
al monte.
Pagan su vasallaje
leyendo las esquelas
creyéndose inmortales.
Tienen miedo a escarbar tumbas ajenas
no sea que descubran
que ellos también murieron
entonces en aquella cuneta.

Mañana jugarán a agitadores y tomarán las calles
que nunca fueron suyas
enseñando a su prole
la lección de que vuelvan los grises
al fondo cotidiano del ropero.

Como en aquella peli de Hollywood
algún alma piadosa debería revelarles
quién paga sus facturas;
que la casa que habitan sus rostros macilentos
no es suya,
que nunca otorgarán los del ayuntamiento
el derecho de huelga
a los que ya no están.