No volverán las calles empedradas de pipas

a columpiar tu risa

de domingo sin fútbol.

Se han ido por tabaco.

Vendrá, más bien, la pantomima beige

del hombre con minúsculas sin ficha policial,

el sucedáneo triste

de una autovía sembrada

de avisos de peligro,

de puntos que se pierden con sólo

sonarse la nariz.

Tu vida no saldrá en los papeles

ni cantará tu gol el locutor cargante

de todos los domingos de liga

subido al carrusel

pero si alguien te diese su micrófono,

la voz que codiciara un lotero,

podrías replicarle tu verdad diminuta:

que existen otras formas de acabar la semana

que viendo cómo otros

se pasan la pelota

que tú no te dignaste tocar.