Cuando la anciana despertó del coma ya tenía hasta un nieto en primero de la ESO. Le dijeron que aquel macarra de aspecto imberbe y labios anillados era el daguerrotipo del abuelo. Las emisoras, en cambio, lo coronaban como el poeta del palaustre y el absentismo escolar.

Por cierto, muertos sus padres del disgusto, era legalmente su nueva tutora. No supo si abrazarlo o salir corriendo pasillo abajo. Ahora sí que empezaba, en el fondo, su PESADILLA