¿Por qué será que las bodas siempre consiguen sacar lo mejor de mí?






CUENTO MACABRO PARA TOMAR CON EL TÉ DE LAS CINCO

Una de tantas parejitas de pastel de nata. Lo habitual: calvicie incipiente, tableta de chocolate caducada él;mechas y patas de gallo ella. Un tándem de suegras enfajadas dirigiendo el cotarro ubicando a la plebe sedienta. Y sobres, muchos sobres para tapar los agujeros negros del viaje a Cuba ¡tan diferente a la atestada playa local !(los excrementos de paloma, los pedigüeños vestidos de limpio, las diarreas sin medicinas).Yo no lo tuve. Tampoco lo deseaba entonces.

Desde mi banco de invitada de tercera aún se veían con nitidez los hoyos de golf de su nuca. Seis años aguantando el aliento de aquel enchaquetado mutado en novio del Hola y ni rastro de mis huellas. Otro estilo, gustos nuevos me convencieron de lo que ya sabía: algunos no pueden vivir sin una Teniente O Neil marcándoles el paso. Resultado final: uno de esos asexuales pantaloncitos de pinzas a juego con su bolso. Apuesto a que se llaman por teléfono todas las noches para acordar el uniforme del próximo happening delante de los suegros (¿vas a llevar la camisa que te compré por Reyes, cielo? es que hace juego con mi empaste ).

¿Cómo había llegado hasta allí? Empezaré por el principio, como dijo el poeta del calimocho.El de los hoyos de golf no había sido uno de tantos garabatos en mi agenda. Había sido Él, Otelo, el señor que
en los anuncios de colonias hace una raya en tu puerta. Un tipo tierno mandado por Melchor para compensar un currículum de
profesionales de la decepción . Y ahí estaba yo, con mi wonderbrá
de cantinera de Munich, para recordar a su novia de revista católica las tetas que ella nunca tendría. El sermón del cura, casi en los títulos de crédito, me auguraba una indigestión de gambas y
langostinos, único consuelo a una hora larga de corito rociero y niños llorones sin bozal. Mi cerebro iba traduciendo al román paladino su verborrea de iglesia: “compartir los bienes” (el apartado de la hipoteca, de la pensión tras el divorcio), “lo que Dios ha unido” (y Hacienda), “venir allí libremente” (mirada cómplice de las suegras y del hermano coronel de la guardia civil).... No quise imaginar las semanitas previas de cursillos prematrimoniales fingiendo ademanes de Casa de la Pradera.

Ignorando la bendición final que a mí no va a salvarme a estas alturas, me adelanté a la puerta para no perder detalle de la batalla campal del arroz. Semanas ensayando. Los tres minutos de gloria en que todo invitado con cuentas que saldar se aferra a la munición más rancia que haya en el mercado. ¿Objetivo? A elegir: el escote ajado de la novia, el lagrimal de la madrina, el cuero cabelludo expedito del novio precalvo...¡ Cuánta mala baba desaprovechada por la guerrilla nicaragüense ! Los reciencasados, no queriendo estropear el carísimo reportaje pagado por el jefe, reían la escaramuza con ojos sangrientos de “ya te cogeré en otro sitio”. Sus maniquíes de figuritas de tarta los mostraban ahora con el rímel corrido, la coronilla de cernícalo y las camelias del ramo como recien arrebatadas a un muerto. Estaba empezando a gustarme mi papel de ex novia repudiada con derecho a gambas.

Mientras se sucedían las fotos y palmaditas en la espalda tuve tiempo de hacer un travelling de los invitados cuyas conclusiones previas fueron las siguientes:

  1. La mantilla española es el peor enemigo de una suegra achaparrada y con varices que acaba siendo el reverso gore de Carmen Sevilla sin ovejitas
  2. El pantalón situado bajo el escalón del abdomen cervecero convierte a su portador en una suerte de enanito grotesco muy poco fotogénico
  3. Alguien debería decir a las madres cursilonas el daño moral que hace a un niño de seis años llevar uno de esos cortísimos pantalones de pajecito del rey que lo avergüenzan en el colegio
  4. El vertido indiscriminado de gomina y el exceso de polvo del Nilo deberían estar prohibidos por las autoridades sanitarias
  5. El 99’9 % de las adolescentes con piercing en la lengua han llevado vestidos de punto inglés hasta que les han salido pelos en los sobacos.

Mis tripas cantaban el Aserejé.

A punto estaba de hacer autostop hacia el convite cuando vino mi ex novio (tuve tiempo de espetarle lo mal que le sentaba el trajecito de pingüino ) para buscarme hueco en el Mercedes de dos parejitas de tristes precasados. Todo un detalle. Veinte minutos largos cogiéndole la pierna a un desconocido y hablando de la borrasca de las Azores. Éramos cinco perfectos extraños que no se saludarían más tarde camino al servicio. Preferí escuchar a mis vecinos de asiento dado el alto nivel de sus parlamentos:

a) PAREJA NÚMERO UNO: “Churri” decía a la copiloto (que desde ahora llamaremos “Gordi”) que ayer vino el albañil a enfoscar su nidito de amor pero que las puertas ni se sabe cuándo. “Gordi” se debatía entre ahondar en los misterios insondables de la pulidora o elegir los saneamientos con su madre (puro Shakespeare). Estaban
hechos el uno para el otro

b) PAREJA NÚMERO DOS: combate verbal de boxeo sin contemplaciones con el respetable, que era animado a participar con sus votos marcando el 906.

Ver a los camareros en la puerta con sus bandejas atestadas de entrantes me hizo olvidar el mal trago. Me concentré en las croquetas. Puro aire. Alguien por error debía haber encargado el menú a un hospital de ancianos con colesterol o al dietista de una nave espacial, eso o éstas eran las nuevas bodas de Canán y nadie nos lo dijo (gambas blancas adiviné y vino de la casa como mucho).Orquesta de plaza mayor y carpa (toda boda es, en rigor, un circo) donde nos coceríamos varias horas en nuestros trajes de entretiempo. En la puerta nuestros nombres y ubicación según parentesco o mala leche de los nuevos esposos (cuanto más cerca
del centro más minutos en el vídeo): señores de Peláez, amigos de gañote, vecinos invitados por compromiso sin derecho a puro...Nervios de calificaciones en la facultad que no me libraron de mi suerte cochina. Lo sabía. Palco en la mesa de los solteros incolocables y amigos satélite (a lo mejor hasta se cumplía eso que siempre sale en las pelis : chica tremendamente sexy e incomprendida, o sea yo, pesca marido en una boda). Mi ojo clínico
de noctámbula con mucha mili me hizo tirar la toalla nada más sentarme. Opté por la bebida. El ecosistema allí reunido no merecía el esfuerzo de una charla banal. Tipos gris perla, gris marengo, con raya hecha con tiralíneas, dientes de caballo percherón parecían sacados de un casting para vendedores de enciclopedias. Lo de siempre: ¿y cómo es que no vives con tus padres a tus cincuenta años? ah, entonces eres de fuera ¿no? NOOOO. Tampoco me han maltratado de pequeña. Un día voy a escribirlo en un cartel como esos falsos mendigos rumanos de los dientes de oro:

1. PASO DE PISO PROPIO CERCANO A CARREFOUR

2. VIVO SOLA SIN SER PSICÓPATA (aún)

3. LA OPCIÓN SEGUNDA NO IMPLICA NECESARIAMENTE TENER UN GATO DE SOLTERONA SIN SEXO

4. ME LA REFANFINFLAN LOS MONOVOLÚMENES QUE NO VOY A LLENAR

5. Y NO, NO VOY A APUNTARME A UN PLAN DE PENSIONES TODAVÍA

Dicho esto a grito pelado me hicieron el vacío habitual borrándome de la precaria lista de futura madre de sus hijos y se dedicaron al entrecot (un sustitutivo del sexo como otro cualquiera). Guay, tía. Con dos ovarios, contestó a mi lado una voz de porreta jubilado carente de corbata. Lo escaneé. Labio partido de chico malo y ojeras de drácula recien levantado del catre ¡Un Alien a mi medida indetectado por el radar!

Tenía que pasar.
Perro verde conoce a escarabajo blanco.

—Llámame Ale,muñeca chochona. Y mi carcajada quedó grabada en el vídeo haciendo juego con mis ojos de cordero degollado( los hombres que te hacen reir deberían aparecer en la guía Campsa con cuatro estrellitas).

Nos emborrachamos juntos a la salud de Maria Jiménez. En vez de hacerme el padrón con aquella lindeza de ¿ESTUDIAS O TRABAJAS? se conformó con robarle dos langostinos al enchaquetado gris plata de enfrente y depositarlos en mi plato como anillo de pedida. ¿Bailamos, rubia de pego ? Y esa fue la señal para iniciar un tango que destrozamos a trompicones a pesar de nuestras caras de consumados expertos. En el segundo estribillo dibujó un chupetón en mi cuello de los que hacen cardenales momento en que mis pupilas se llenaron de corazones como los dibujitos animados. El vino de la casa, cosecha de antesdeayer, estaba haciendo su efecto

No lo pensé dos veces. Lo llevé a los servicios plagados de sesentonas estirando su faja y le eructé en la oreja la pregunta más seria de mi vida:

¿Osas yacer en pecado conmigo hasta que otro rollo nos separe?

Concentrado como estaba en mi escote bavaro le dio la tos. Tragó saliva, se revolvió las greñas y, mientras repasaba mentalmente si había hecho la cama esa mañana, me cogió en peso dejando mis patitas colgando como una cucaracha recien cazada. El perro verde movía contento sus orejones señalando la salida de emergencia.A la sesentona de la faja se le cayó al suelo la combinación de medio cuerpo

Ni un fotógrafo en la puerta.

Me puse las gafas de sol en la calle en el más puro estilo Greta Garbo.

Una pena. Nadie iba a colgarnos latas en la trasera de su moto macarra pero éramos en aquel momento la única pareja digna de salir en las fotos.