Para cuando la pobre GRETEL pudo darse cuenta de que la casita que estaba devorando a dos carrillos era de chocolate ya le habían
aparecido "esos antiestéticos granos producto de una vida sedentaria".

Corporación Dermoestética acabó con ellos por una cantidad no despreciable.

Ningún psiquiatra pudo quitarle, sin embargo, su devoción desmedida por el sexo