Sí. Perdí el astrolabio, las cartas de marear,

el nombre del invento y casi no recuerdo mi origen

tras tantos homenajes.

Un fiambre sin nombre

que nunca enterrarán los comisarios

para ganar su apuesta.

Como todas las cosas que importan yo llegué por error

mintiéndole al diario de a bordo,

a mis hombres leales

que dejaron en tierra

cuentas como copiados.

El dios de los paganos que entregaron su vida

por cederme un lugar en la Historia

ya cumplió su castigo,

el final más odioso para un triste almirante
sin barco:

una muerte de hierro,

de coloso de Rodas picado de mosquitos

señalando a los coches que pasan;

cagado de palomas de color sospechoso,

vigilando las aguas que nunca pisaría

un socio de Greenpeace.

Lo peor, lo más hiriente

que nunca entenderán los ignorantes

no son las picaduras:

es el necio disfraz que otros me eligieron,

que decora los libros de texto,

este pelo a la taza condición sine qua non,

fetiche más preciado de Isabel.


* EL MONUMENTO A LA FE DESCUBRIDORA ESTÁ EN HUELVA, MIRA POR UN LADO A LA RÍA Y POR OTRO A LAS EMPRESAS CONTAMINANTES DEL POLO QUÍMICO; HASTA NO HACE MUCHO ALLÍ PODÍA BAÑARSE LA GENTE. TRISTE PARADOJA PARA UN CONQUISTADOR *