Con todos mis años de dependienta eficiente en El Corte Inglés lo reconocí nada más verlo. Él era el típico cliente difícil, y el mío el mostrador de la agencia de viajes. Me costó complacerlo pero, finalmente, picó. Quería una aventura exótica a la par que urbana (nada de pedigüeños descalzos tras de si). Sin nada de guías ni grupos organizados y, menos que ninguno, los de adolescentes barrillosos y onanistas. El precio debía ser competitivo, sin caer en la ordinariez del Inserso...

No lo dejé seguir. Tenía justamente lo que buscaba aquel señor. Amablemente, lo mandé a la tercera planta: "Pregunte por Librería, caballero, sección LITERATURA DE VIAJES"