Nada más intuirse en la bolsa del súper, un crepitar de sus estómagos nerviosos los atornilló para siempre. Ella era la leche desnatada más nívea que habían conocido sus ojos y él, un soluble instantáneo que derretiría los jugos gástricos envidiosos de su amiga la entera, aquella grasienta asturiana tan vulgar. Después la historia fue acaso previsible, tal vez anodina, pero no por eso menos heroica.
Una mañana de Marzo, un legañoso lo cambió todo. Desde el interior del envase herméticamente cerrado alcanzó a ver su cucharón amenazante. Una tirada de dados y la unión definitiva. Cerró los ojos y respiró hondamente. Luego se deslizó, confiado, hasta el fondo del tazón de desayuno. Allí abajo, tan desnatada y nívea como la primera vez que la vio, lo esperaba sonriente SU FUTURA ESPOSA.




¿Sabes quién fue el causante? YO
Me encanta el cafe con leche y bien dulce.
Besos
Hola, mmmm original relato, qué unión más deleitosa...
Cariños.
Me encantó !!!, desde hoy tomaré mi café con leche más despacito, lo saborearé sabiendo que cada mañana logran consumar su historia de amor.
Besossss.
Ahora lo entiendo todo. Yo tomo semi de oferta...
Eso si ke es un matrimonio indisoluble!!!!
Esperemos que la unión no haga grumos! ( aunque siendo soluble instantáneo es difícil)
Muy bueno Anabel...Un beso
Anabel, te invito a que visites el blog que hemos montado Xabi e Iñakito. Las fotos las hace Xabi y los textos Iñakito. Besos. Espero que te guste.
Vivan los novios¡¡
Ja ja ja ja ja...
que historia tan chula!....
"envidiosos de su amiga la entera, aquella grasienta asturiana tan vulgar".... ja ja ja ja ja...
Besos!
Muy original:-)