"Para María José, desfacedora de entuertos"

ALGUNAS VECES DANDO CLASE TE TOCA EL CUPONAZO. El cuponazo en versión educativa no es que te pongan una placa en la puerta del bloque o un señor con chorreras te otorgue la medalla al mérito laríngeo sino que consigas dejar huellas en quien menos esperabas.

Montañas de sobresalientes altivos que pasan por tu vida como el autobús de línea y años después no recuerdan las horas que perdiste en enseñarles a leer sin rapear se desmoronan de un plumazo cuando uno de tus casos perdidos te para por la calle a agradecerte las broncas que le echaste. Hoy quiero acordarme de uno de ellos, digno padre de familia prematuro que todos esperábamos haber visto algún día en "El Caso" con un pasamontañas y un letrero de SE BUSCA.

Definitivamente cuando pienso en gente como él siempre concluyo que la adolescencia es la enfermedad menos diagnosticada del sistema sanitario. Hagamos su retrato robot: él era uno de esos adolescentes encerrados en un cuerpo que no les pertenece; imbuido de una eterna primavera embestía por el pasillo a toda compañera de clase que demostrase estar viva; lo mismo desmantelaba la puerta del aula que alababa públicamente el tanga de la profesora sustituta. Huelga decir que todos los partes de mi tutoría tenían de antemano su nombre puesto y que el jefe de estudios tenía línea directa con su casa a cuya madre tratábamos de consolar dándole el pésame como si se tratase de la viuda de un torero. El curso terminó para nosotros un buen día de junio como un ingreso voluntario en Alhaurín y allí se lo dejamos a la pobre viuda con nuestras condolencias en la puerta del instituto pensando para nosotros "ahí lo llevas, que Dios te dé salud para criarlo".

Seis años han pasado sin encontrar noticias suyas en los programas de telecatástrofes y ya me temía lo peor cuando me salió al paso la otra noche un camarero que por poco no me atraganta el serranito. Era él por supuesto. Recordaba al detalle todo aquel año de visitas a jefatura como el que se va de campamento y tenía tan buen recuerdo de mis rapapolvos que prácticamente estoy segura que no entendió ni media palabra de mis sermones de la montaña. De alguna manera sin embargo debieron servir cuando me presentó a sus compañeros de trabajo con una admiración que pocas veces he visto en alumnos ejemplares para los que sólo eres un peldaño más en el camino. Para él yo había sido tal vez el último.

ALGUNAS VECES DANDO CLASE TE TOCA EL KINDER SORPRESA SIN SABERLO. Aparentemente es un artilugio complicado que pone a prueba tu paciencia y te sientes incapaz de formar por ti misma. Lo que no dicen las instrucciones de montaje es que a lo mejor esas piezas un día van a encontrar la forma de encajar solas(aunque no sea delante de tus ojos )pero tal vez no lo hubieran hecho nunca sin tus manos.