LOS LUNES no se hicieron para lucir tacones, cuaresma sin ceniza que vuelve a repetirse como un mal examen que nunca aprobaremos. Nos sacan de la cama a empujones como si la semana no pudiera estrenarse sin nuestros pies cansados luciendo zapatilla equivocada. Abrimos la persiana sonámbulos y nada nos incita a bajar a la calle a perder el calor de las sábanas; descansa en el armario la vasta colección de disfraces con que camuflaremos nuestras ganas de huir enmedio de un monólogo del jefe. Vestidos finalmente de otros con la raya en el medio, grises como las calles mojadas que nos verán marchar al exilio pactado, buscaremos las llaves, el bolso, un indulto piadoso que alargue nuestra estancia cinco minutos más. La puerta del castillo del cuento se abrirá sin crujir vacía de carceleros, verás las escaleras que inicien tu descenso a los infiernos y comienza el teatro. Saluda por tu bien a la platea que aguarda imaginando el texto que aprendiste recitando al espejo.