Cuántas veces nos habremos hecho el harakiri regalando el corazón a alguien que haya sido incapaz de aceptar el regalo o, cuando menos, de estar a la altura de la invitación. A mí me pasó una vez con un aprendiz de pintor, para más inri, daltónico...(tenía que haber ido yo al oculista, sin embargo, pensé después)

Oro viejo en las manos.
Tu paleta no alcanza
el azul que tiritan
mis cielos amarillos.
!--[if>!--[endif]-->




yo me he propuesto no volver a regalar mi corazon a nadie mas. por otra parte se que lo volvere a hacer. saludos.
a mi eso me ha pasado una vez... será x eso el miedo de ahora... si
Aún así, la grandeza de tu alma consiguió que no te hipotecaras ese pedacito de corazón. Y hoy en día puedes considerarte incluso afortunada de haber sido ignorada, que infeliz hubieras sido a su lado!
. No se hizo la miel para la boca del asno. Besitos
Bueno....Equivocarse tiene su cosa
Buena tarde
...no es alargada.
Preciosa foto. Un beso!
Ja, ja, Anabel, yo creo que todos, en algún momento de nuestras vidas, somos daltónicos a rabiar. El poema una hermosura. Un besazo, amiga.
Iñakito.
Equivocarse no es malo, lo malo es reincidir.
Un abrazo.
Mercedes.
Podríamos, todas, todos, rezar las letanías de los amores indolentes, precarios, apenas sentidos, malogrados, enanos, sietemesinos, apocados o tristes.
Menos mal que la vida sigue y a veces aprendemos de los errores.
No creo que nadie se haya escapado, pero de todo se aprende:-)
Besos y feliz fin de semana